En la penumbra serena del Vaticano, cuando aún no despuntaba el sol sobre la Ciudad Eterna, el Papa Francisco enfrentó en silencio su último amanecer. A las 5:30 de la mañana del lunes 21 de abril, el enfermero que lo había acompañado fielmente durante años, Massimiliano Strappetti, notó algo fuera de lo habitual. El cuerpo que tantas veces desafió las dolencias parecía rendirse. Sin esperar, llamó a quién estaría en las últimas horas del pontífice argentino.
Leer más
