Bajo un cielo gris y temperaturas frescas, Donald Trump y Vladimir Putin se estrecharon la mano en una pista de la Fuerza Aérea estadounidense, inaugurando una cumbre que intentó mezclar cordialidad con diplomacia de alto voltaje. El encuentro, celebrado en Anchorage, Alaska, fue el primero en suelo estadounidense desde que ambos líderes retomaron contacto directo y se centró en un objetivo tan ambicioso como esquivo, frenar la guerra en Ucrania.
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