Boyeros, el sueño de un camionero

Heriberto Rodríguez Chinchilla, detrás del volante arribó a Liberia, sin saber leer ni escribir, a levantar el corazón hotelero de la Ciudad Blanca

Don Heriberto Rodriguez Chinchilla, visionario empresario y promotor del desarrollo turístico hotelero en Liberia.

Redacción

Llegó a Liberia a mediados de los años 60, cuando la capital pampera apenas respiraba al ritmo pausado de una ciudad de paso, marcada en su entrada principal por cuatro estaciones gasolineras trasnacionales, y de largas noches donde ni siquiera había un lugar abierto para “comerse un gallo”.

Oriundo de Bajo Corrales de Naranjo, venía desde Palmares, manejando camiones, devorando kilómetros y “pariendo la tripa” en cada recorrido por Guanacaste. Entre aquellas travesías de carretera, polvo y cansancio, floreció la idea y también nació el sueño.

Hoy, a sus 91 años, don Heriberto Rodríguez Chinchilla conserva una memoria brillante, un cutis lozano y una serenidad que impresiona. Sentado bajo la sombra de las granadillas, entre los pasillos ecológicos del Hotel Boyeros, conversa pausadamente sobre una vida que parece salida de una novela costarricense. Al frente, escuchan atentos Nelson Brizuela, su yerno; y Nelson Gabriel, su nieto hijo de su hija Ileana; y María, su asistente personal.

Antes de iniciar con los pasajes de su vida, su hija Milagro, pasó a saludarlo y a reiterarle «papito cuente, tienes una historia maravillosa».

—“¿Qué me va a preguntar? Más que entrevista, conversemos”, le explico.

Y es que detrás de ese tono sencillo se encuentra la historia de un hombre visionario, muy adelantado a la época.

“Fuera fuereños”

Para entender el origen del hoy emblemático Hotel Boyeros, don Heriberto retrocede mentalmente a la Liberia de los años 60. Recuerda una ciudad pequeña, conservadora y recelosa de los forasteros.

Sin embargo, también encontró manos amigas.

“Hubo gente que me ayudó con créditos para comprar y construir lo que primero fue el Centroamericano”, recuerda. El nombre tuvo que cambiarse tiempo después debido a que ya existía un hotel registrado en San José.

Así nació “Boyeros”.

—“¿Y por qué Boyeros?”

—“Porque yo fui boyero. Ese fue mi primer trabajo desde los ocho hasta los dieciséis años”.

Aquella infancia entre carretas y bueyes moldeó el carácter de un hombre trabajador y persistente. Más adelante, un préstamo de diez mil colones le permitió comprarse en Palmares, un pequeño camión con el que recorrió Guanacaste.

En una de esas rutas apareció un alma solidaria. Una familiaridad de esas que “se siembran y florecen”. Fue precisamente esa relación la que lo motivó a entrar al negocio de la comida.

“Vendía comidas y tenía más plata que yo. Entonces pensé: si puede, yo también puedo”.

Con mezcla de orgullo, picardía y admiración, inició en 1970 una aventura empresarial, que hoy genera empleo para más de 40 familias liberianas.

La lucha contra el rechazo

No todo fue fácil. Comenzar como foráneo le ganó enemigos y campañas malintencionadas. En aquellos años circularon volantes con la frase: “Fuera fuereños”.

También enfrentó a quienes pretendían imponer viejas costumbres de privilegio.

“Llegaban algunos importantes, que tras consumir, preguntaban dónde está la factura para firmarla. Yo les decía: ‘Aquí se paga lo servido’. Y no volvieron más”.

La disciplina y la honestidad marcaron desde entonces el estilo de trabajo de Rodríguez Chinchilla.

Con apoyo de amistades, financiamiento bancario y el respaldo del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), que facilitó los primeros planos, desarrolló este proyecto de vida, que con el tiempo se convertiría en un símbolo de Liberia.

El entonces Centroamericano abrió con apenas ocho empleados y servicio las 24 horas. Décadas después, la pandemia obligó al Boyeros a modificar aquel histórico horario continuo.

Siempre hacia adelante

A pesar de su avanzada edad, don Heriberto no pierde la costumbre de supervisar personalmente las operaciones de su negocio. Apoyado en un bastón y acompañado por su asistente personal, recorre lentamente los jardines y pasillos de su obra turística.

Paso a paso. Siempre hacia adelante, por esas instalaciones han pasado figuras nacionales e internacionales, turistas, empresarios, políticos y viajeros de todo el mundo.

Detrás de esa historia éxitosa permanece intacta la esencia de aquel muchacho boyero- camionero, que llegó a Liberia buscando trabajo y terminó construyendo parte de la identidad turística de Guanacaste.

Algunas historias no se levantan únicamente con cemento y madera. También se construyen con hambre, valentía y terquedad, como lo es Boyeros, el sueño de un camionero.

Acompañado por su nieto Nelson Gabriel, el naranjeño de Bajo Corrales, hoy dice ya trabajé.
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