
Redacción
Por años, la FIFA vendió el Mundial de 2026 como una celebración global sin precedentes, estadios repletos, millones de aficionados y una fiesta continental compartida entre Estados Unidos, México y Canadá. Pero a pocas semanas del inicio del torneo, la narrativa oficial comenzó a resquebrajarse desde el corazón financiero y judicial de Estados Unidos.
En oficinas gubernamentales de Nueva York y Nueva Jersey, fiscales estatales abrieron una investigación que amenaza con convertirse en el mayor escándalo comercial alrededor de una Copa del Mundo desde el “FIFAgate”. Esta vez, el balón no rueda sobre sobornos por derechos televisivos ni corrupción dirigencial. El foco está puesto sobre algo más cotidiano, pero explosivo, el precio de las entradas.
Las fiscales generales de Nueva York, Letitia James, y de Nueva Jersey, Jennifer Davenport, emitieron citaciones judiciales contra la FIFA para exigir documentos internos relacionados con la venta de boletos del Mundial 2026. El objetivo, determinar si el organismo “infló artificialmente” los precios y engañó deliberadamente a los aficionados sobre la ubicación real de sus asientos.
La investigación se concentra especialmente en el MetLife Stadium, escenario de ocho partidos del Mundial, incluida la final del 19 de julio. Pero detrás de ese estadio aparece una estructura comercial mucho más amplia, diseñada —según los fiscales— para explotar la ansiedad y el deseo de millones de fanáticos.
“Escasez falsa” y precios imposibles
“FIFA convirtió la compra de una entrada en un calvario de confusión, escasez artificial y precios imposibles”, declaró Davenport durante el anuncio oficial de la investigación.
La acusación central apunta a una estrategia de “variable pricing”, un sistema dinámico de precios utilizado por primera vez en la historia de los Mundiales. Bajo ese modelo, el costo de los boletos cambia constantemente según la demanda, el tráfico digital y la disponibilidad.
Según datos citados por las autoridades, la FIFA habría aumentado el precio de entradas para aproximadamente 90 de los 104 partidos del torneo entre octubre de 2025 y abril de 2026, con incrementos promedio del 34%.
Pero la indignación no terminó ahí. Aficionados denunciaron que, después de haber adquirido entradas de Categoría 1 —las más costosas—, terminaron ubicados detrás de los arcos o en sectores equivalentes a categorías inferiores. Paralelamente, el ente que rige el fútbol a nivel global habría creado nuevas categorías “preferentes” después de iniciada la venta inicial, reasignando los mejores sectores a boletos todavía más caros.
En términos simples, los compradores creen que pagaron por una promesa que desapareció después de haber entregado el dinero.
La sombra del negocio norteamericano
La defensa de la entidad no ha sido jurídica, sino económica.
El presidente de la organización, Gianni Infantino, justificó los altos precios afirmando que responden a las reglas del mercado estadounidense y a la reventa legal de entradas.
“Si vendieras las entradas demasiado baratas, serían revendidas inmediatamente a precios mucho más altos”, argumentó Infantino semanas atrás.
Sin embargo, documentos y reportes revisados por medios estadounidenses muestran una contradicción incómoda para FIFA, pese a los precios astronómicos, miles de entradas permanecen sin vender.
Incluso a menos de dos semanas del inicio del torneo, todavía existían boletos disponibles para 86 de los 104 partidos.
En algunos estadios, según reportes periodísticos y denuncias de aficionados, apenas entre el 35% y el 50% de las localidades habrían sido colocadas.
La paradoja golpea directamente el discurso oficial del organismo, la FIFA habla de “demanda histórica”, mientras los asientos vacíos comienzan a convertirse en una amenaza reputacional.
El Mundial más caro de la historia
Las cifras explican parte del enojo.
En el mercado oficial y secundario, algunos boletos para partidos en el MetLife Stadium superaron los US$2.000. Para la final, ciertos asientos llegaron a ofrecerse por más de US$30.000.
A eso se sumaron costos logísticos igualmente polémicos.
La empresa ferroviaria NJ Transit anunció inicialmente tarifas especiales de US$150 para trasladar aficionados desde Manhattan hasta el estadio. Tras una fuerte presión política y mediática, el precio bajó a US$98. Habitualmente, ese mismo trayecto cuesta US$12,90.
La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, criticó públicamente a la FIFA por negarse a subsidiar parte del transporte y advirtió que los contribuyentes locales no asumirán la factura del torneo.
California también entra en escena
La presión ya dejó de ser un conflicto regional. El fiscal general de California, Rob Bonta, envió una carta formal a la FIFA expresando preocupación por “prácticas potencialmente engañosas” en la venta de entradas.
Con tres estados involucrados y organismos de protección al consumidor participando activamente, el caso comienza a adquirir una dimensión federal de facto.
Aunque todavía no existen acusaciones penales formales, expertos legales en Estados Unidos señalan que las pesquisas podrían derivar en demandas civiles multimillonarias, sanciones económicas e incluso restricciones regulatorias para futuras competencias internacionales organizadas por la FIFA en territorio estadounidense.
El fantasma del FIFAgate
Dentro de los círculos políticos y deportivos estadounidenses, algunos observadores empiezan a hacer una comparación incómoda, el recuerdo de 2015, cuando fiscales federales estadounidenses desmantelaron buena parte de la vieja estructura dirigencial de la FIFA en el escándalo conocido como FIFAgate.
Aquel caso comenzó también con investigaciones financieras y denuncias aparentemente administrativas.
Hoy, aunque el contexto es distinto, la sospecha vuelve a tocar el mismo nervio, la percepción de una organización internacional que opera con escasa transparencia mientras capitaliza una pasión global prácticamente imposible de regular.
Y esta vez, la pregunta no gira alrededor de quién ganó derechos televisivos o contratos de patrocinio, es más simple y políticamente más peligrosa, ¿hasta qué punto la FIFA convirtió el sueño de asistir a un Mundial en un negocio diseñado para excluir al aficionado común?
