De fiesta en fiesta en Guanacaste

Con autorización del Dr. Edgar Leal Arrieta, músico, poeta y escritor, entre otras cualidades; publicamos capítulos de su primer libro, “De fiesta en fiesta en Guanacaste”, una recopilación de relatos de personajes y pueblos de la provincia más sabrosa de Costa Rica.

Advertencia del autor: Todos los personajes contenidos en la presente obra son ficticios. Cualquier parecido con alguien en particular es mera coincidencia o producto de la imaginación de usted querido lector.

Capítulo III: Los plátanos se rajan de sazoncitos              

Jonás Villarreal era “ñajo”, o como dicen otros, “majijo”. En 1956 había cumplido diez años de trabajar en las minas de Zapotillal y ya era todo un veterano minero. Como todos los hombres de esas épocas, tenía bastantes hijos, nueve para ser exactos.

Las cuatro primeras eran mujeres y los últimos cinco, varones. Unos se habían casado, otros estaban juntados y de las mujeres, la única que estaba soltera, sin hijos y sin compromiso, era Maclovia, la mayor.

Ya andaba por encima de los cuarenta años, cuando allí en las minas le apareció novio. Era un atorrante más de tantos que aparecían por esos contornos.

A Maclovia no se le conocían amoríos, de ahí que nadie se fijaba en ella. Sin embargo, Asisclo Durán sí le prestó atención. No sólo se fijó en ella, sino que para despertar mayor credibilidad en los futuros suegros, pidió la entrada para visitarla en su domicilio.

En Zapotillal nadie sabía de dónde había llegado Asisclo, pero él afirmaba que era de Abangares y que había laborado largos años en las minas de oro.

El romance fue viento en popa, tanto que a los seis meses de “jalencia”, se programó la boda para las fiestas de Matapalo. Todo quedó listo y preparado, para el domingo 16 de diciembre de 1956. La noticia de la boda empezó a correr por todos los rincones de la costa y aunque era imposible, la mayoría se mostraban escépticos. Hacía veinte años que esperaban algo de la Maclovia y nada.

Tal como estaba previsto, el domingo 16 de diciembre llegó a Matapalo el padre Murillo. Su misión era celebrar misa y de paso casar a Asisclo con la Maclovia.

La boda se realizó en medio del jolgorio fiestero. El recibimiento de los novios fue en el salón de Hermenegildo Rocha. Pasado el brindis y posterior almuerzo, los recién casados se fueron a ver las montaderas de toros.

Al oscurecer, decidieron regresar a Puerto Viejo, donde Asisclo había construido un rancho, a 200 metros del de sus suegros y frente al mar.

Una vez pasado el crepúsculo y apagadas las canfineras en la casa de sus suegros, los nuevos cónyuges se retiraron a su humilde vivienda para consumar el matrimonio.
La noche se fue quedando en silencio y hasta las ranas y los grillos se fueron quedando dormidos, al tiempo que la luna empezaba a asomarse en el horizonte.

Al ser las diez de la noche, los perros de Jonás Villarreal se sobresaltaron y empezaron a ladrar ante el ruido que venía haciendo una pareja que venía discutiendo por el camino. Eran Maclovia y Asisclo que habían tenido el primer problema en su recién iniciada vida matrimonial.

Al ruido de los perros, Jonás Villalrreal se levantó a ver qué pasaba. El diálogo se entabló rápidamente:

¿Idiay,… e .utas andan hajiendo a estas horas?

Pues nada don Jonás, que aquí le traigo a su muchacha.

¿Y je .uede jaber orqué le traés?

-Pues porque usted me garantizó que estaba entera, que nadie la había tocado y casi me voy de paso. Así es que aquí se la dejo, porque yo soy muy macho y a mí nadie me comienza la tortilla con la que voy a tomar café.

Mientras esto sucedía, Maclovia todavía vestida de novia, permanecía cabizbaja y llorosa, sobre un tuco de guapinol que había a la entrada de la cocina. No entendía porqué se le venía abajo la ilusión de su vida. Ya no recordaba cuando con doce años todavía jugaba de casita y una noche en la playa, Evencio Aguirre (que hacía de papá), la había desflorado.

Irá asisclo, -volvía a la carga el suegro.

…esde e voj vivij aquí, has oído e la Maclovia uviera novio o iviera on alguien?

Pues no, don Jonás, pero ante las evidencias yo lo siento mucho y aquí se la dejo.

 Moj soj mruto Asisclo, (Insistía don Jonás), no ej e los plátanos je rajan e sazoncitoj!

La Maclovia iene más e uarenta años, ¿e erías e estuviera cele odo el iempo?

Un profundo silencio inundó el escenario, que fue roto cuando Jonás volvió con sus argumentos:

..evátela Asisclo, a lo mejor se odió ola con el inetillo, ¡no vej e la Maclovia arreaba acas a aballo esde e estaba uila!

Asisclo salió para su rancho sin ganas de discutir más, mientras la Maclovia lo seguía despacito. Iba rejego, pero los argumentos de su suegro lo habían medio convencido. Total, él ya no estaba tan potranco para andar escogiendo yegua. (sic).

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