
Por: Esther Castillo Jiménez
Hay luchas que nacen del alma y no del cálculo. Son esas quijotadas que, aunque no duren mucho, dejan huellas profundas en quienes las emprenden. Así fue aquella aventura compartida con Richard Molina Mesén, amigo y colega, cuando junto a otros soñadores dimos forma a la Agencia de Prensa Costarricense, convencidos de que los medios regionales y las voces independientes también merecen su espacio y su reconocimiento.
El camino no fue largo —porque el apoyo económico que estas causas requieren pocas veces llega—, pero bastó para forjar amistades sinceras, respeto mutuo y la certeza de que el periodismo aún puede ser un acto de fe.
Hoy Richard se nos adelanta en el camino, dejando tras de sí el recuerdo de un hombre íntegro, apasionado y comprometido con la verdad. Su ejemplo queda entre nosotros, como testimonio de que las verdaderas causas no mueren, solo esperan que otros tomen la bandera.
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