El efecto perverso

Por Hernán Imhoff*

En sociología existe un concepto bastante difundido para explicar cómo en algunas circunstancias las soluciones implementadas para remediar una determinada dificultad, más bien empeora el problema o incluso crea otro mucho más grave.

La chota popular tradujo ese término con una frase muy sabía: “El remedio es peor que la enfermedad”. Traigo a colación este tema del llamado “Efecto perverso” porque justo esa consecuencia fue la que propicio la reciente disposición del Gobierno de la República que exige a los turistas nacionales y extranjeros mostrar un Código QR de vacunación completa antiCovid-19 a partir de diciembre justo cuando inicia la temporada alta.

Una medida de ese tipo, que en principio, parecía razonablemente válida, se tomó a la ligera, sin tener la delicadeza de considerar el punto de vista de las organizaciones de un sector que ya suma 17 meses soportando grandes penurias.

Las dudas que se generan en torno a este tema son enormes ¿Cómo se pedirá ese requisito a los visitantes de otras naciones? ¿Qué pasa si no se cumple con este requisito? ¿Existe otra opción? Las preguntas son muchas, pero se hubieran podido disipar a tiempo si existiera un canal de diálogo abierto con las autoridades del Poder Ejecutivo.

Esa falta de apertura ha tenido consecuencias nefastas para una actividad que ha sufrido en grado sumo por los embates de la Pandemia, a los que ahora debemos sumar decisiones que parece se toman desde un escritorio en San José por parte de fu gente que no tiene la más mínima idea de cómo funciona el negocio del turismo que, entre otras condiciones, se caracteriza por un cliente altamente sensible a los cambios abruptos en las condiciones de los viajes o de hospedaje.

La tecnología, como los citados códigos o la digitalización de los procesos, se ha convertido en una aliada perfecta para sortear algunos de los más nefastos efectos del Covid-19, pero planteada así de buenas a primeras, con más dudas que certezas, ya empezó a provocar los primeros daños manifestados en la cancelación de reservas de hoteles, transportes y tours reportadas por varias de las empresas afiliadas a las distintas cámaras de turismo en todo el país.

Estamos a tiempo para enderezar el rumbo, pero se ocupa de un diálogo sincero sin agendas ocultas o medidas que se adoptan sin considerar el impacto económico sobre las diferentes actividades de la “industria sin chimeneas”.

Por ahora, es claro que estamos ante un nuevo golpe de una burocracia ciega, sorda y muda.

*Presidente de la Cámara de Comercio y Turismo de Tamarindo, Guanacaste

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