En Playa Sámara, una franja de arena tranquila en el Pacífico norte de Costa Rica, las fiestas cívicas de fin de año suelen dejar tras de sí música, luces y el rumor de los visitantes que regresan a casa. Este año, sin embargo, también dejaron algo menos efímero, un pequeño fondo de inversión comunitaria que apunta a resolver necesidades concretas en educación, deporte y sostenibilidad.
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