EDITORIAL: Costa Rica sin barco, ni capitán, ni una estructura económica que responda

En algún momento de la historia se determinó en la región que Costa Rica era la décima segunda economía de América Latina, esto basado en el Producto Interno Bruto nominal, después de Uruguay y antes de Panamá y la décima segunda en cuanto al PIB a precios de paridad de poder adquisitivo después de Panamá y antes de Bolivia. Supuestamente poseía una per cápita de $13,192, por el PIB a precios nominales y de $18,660; PIB per cápita PPA.

El efecto de la crisis mundial desde el 2008, la economía de Costa Rica sufrió un estancamiento sustancial en su crecimiento al 2.6 % en 2008 y decreció en 2009 con un negativo de -1.1 %. Costa Rica ha buscado ampliar sus lazos económicos y comerciales, tanto dentro como fuera de la región. En 12 años la economía ha sufrido una debacle y estanflación, que ha causado mucho daño a los costarricenses, que por tradición han sostenido la economía nacional.

Dentro de la estructura básica de la economía de Costa Rica encontramos rubros de importancia como el turismo, la agricultura, la exportación de equipos electrónicos y los servicios. El país redujo significativamente la pobreza durante 1950 y 1980 gracias a un fuerte impulso por parte del Estado a los procesos productivos para el mercado interno, así como al desarrollo de una fuerte inversión social en educación, salud, electricidad, telecomunicaciones y provisión de servicios de agua; entre otros no obstante, los últimos cuatro gobiernos han cifrado su desarrollo administrativo erosionando la bolsa del pueblo, lo que ha producido un fenómeno boomerang, porque la estructura ha degenerado en quiebra para una gran mayoría que antes era la tabla de salvación por los tributos a Hacienda.

Recientemente el Congreso de la República aprobó un Presupuesto Ordinario para el próximo año que se deberá destinar ¢4,8 billones a pagar deuda: de ese rubro ¢2,1 billones corresponden a intereses (¢13 mil millones por día) y el pueblo desde ninguna perspectiva puede financiar estos gastos del Gobierno, porque el Presupuesto Ordinario de la República, porque en ningún rubro se encuentran inversiones, que permita entender que algunas instituciones del Estado tendrán tasa de retorno en el tiempo en un corto plazo.

La pregunta intuitiva es: ¿de dónde podrá financiar un pueblo quebrado y enfermo tantos gastos y tantos impuestos, que incluso no pueden ser cobrados, por la ineficacia de un Ministerio de Hacienda anquilosado? Pero, ¿cómo el país entró en esta asfixiante realidad? ¿Cuál es el efecto de un PIB comprometido? Y lo más importante, ¿podrá sobrevivir al déficit fiscal más alto de su historia? Los tratadistas estiman que para inicio del año 2021 el déficit fiscal alcanzará el índice más alto sobrepasando el 8 % del PIB.

El panorama ni siquiera es obscuro estamos ante un futuro cercano bastante desanimador, con un pueblo sin incentivos, todos los índices se han disparado, el desempleo es inmenso como en ninguna etapa de la historia y los mercados están estanflados sin la colaboración necesaria del sector financiero, que no se anima a financiar proyecciones que no tengan seguridad.

¿Qué nos espera en esta crisis profunda?