¿Es sostenible la pesca de arrastre en Costa Rica?

Rafael Acuña Castillo*

Recientemente las autoridades políticas de nuestro país se han visto enfrascadas en un debate que ha alcanzado a la población general debido a las implicaciones de corto a largo plazo que podría tener no solamente para los seres humanos, sino para los ecosistemas marinos. Aunque el presidente Alvarado ha vetado la ley que pretendía reactivar la pesca de arrastre en Costa Rica, tenemos que considerar que esta no fue una decisión antojadiza, sino que es respaldada por la evidencia más convincente que tenemos a la fecha, acerca de las consecuencias de esta actividad en la rica vida marina que hay en nuestro país.

No podemos desligar a la sociedad humana del medio que la rodea, aunque el ser humano a través de sus acciones, haya causado ya estragos considerables al resto de la biosfera, el ser humano es otra especie más y por tanto es parte integral de la misma biosfera. La conservación de la naturaleza nunca será efectiva a menos que las comunidades locales estén involucradas en preservar el ambiente mismo que las rodea.

La biosfera es necesaria para nuestra subsistencia y su deterioro también afecta la calidad de vida del ser humano. Aunque en el corto plazo la relación entre la conservación de los ecosistemas y la economía no parezca evidente, la naturaleza provee los llamados ‘’servicios ecosistémicos’’ como por ejemplo: captación y retención de agua, prevención de la erosión, sitios de procreación de especies de interés económico, mantenimiento de los ciclos biogeoquímicos y servicios de polinización entre muchos otros. Si la humanidad tuviera que asumir estos servicios en ausencia de una biosfera saludable, los costos económicos ascenderían a los billones o hasta trillones de dólares al año, condenando a millones a la miseria o aún peor, a su muerte.

Los ecosistemas marinos en particular, muestran claramente la interrelación estrecha entre la humanidad y el resto del planeta, y en nuestro país estos ambientes constituyen la fuente de ingreso directa o indirecta más importante de miles de familias en algunas de las regiones más marginadas de Costa Rica. Lograr un manejo integral de estas regiones con un balance entre un desarrollo económico y protección ambiental sostenibles debería ser prioridad para un país cuya historia y modo de vida ha estado ligada de manera tan estrecha al mar.

No podemos negar que las regiones costeras de Costa Rica continúan siendo algunas de las que se encuentran más rezagadas en términos de desarrollo económico y humano, especialmente si las comparamos con el Valle Central. La población necesita fuentes de ingreso confiables, que les permitan tener una vida digna, pero se debe dar prioridad a estrategias que sean efectivas a largo plazo y que sean lo suficientemente robustas como para poder resistir o adaptarse a los cambios, tanto de la sociedad como del mismo planeta y cuyo impacto no resulte negativo para la sociedad o el ecosistema.

Aunque la pesca de arrastre semi-industrial podría incrementar el bienestar económico de la población, lo haría para un sector relativamente pequeño de la misma, y por un periodo de tiempo relativamente corto. Lamentablemente la pesca de arrastre tiene una serie de efectos secundarios sumamente nocivos para el ambiente, y que indirecta o directamente afectarían la fuente de ingresos de muchos de los pescadores artesanales de nuestro Pacífico.

¿Cómo puede afectar la pesca de arrastre a los pescadores artesanales? La pesca de arrastre no es selectiva, no solamente se captura camarón sino una gran cantidad de especies que cohabitan con el mismo. Aunque se han hecho pruebas con distintos tipos de redes, que en circunstancias ideales demuestran tener distintos grados de efectividad, en el caso de nuestro país, los estudios más detallados y estrictos apuntan que de cada captura hecha por pesca de arrastre solamente un 0-20% de lo capturado es camarón, siendo el 80-100% restante, organismos que no van a ser aprovechados, pero que tienen importancia en pesca artesanal, pesca deportiva y en ecoturismo. Se ha estimado que un 73% de las especies descartadas por pesca de arrastre son importantes en pesca artesanal. La pesca de arrastre por tanto puede llegar a tener un fuerte impacto negativo en estas actividades de las cuales dependen más familias que las que potencialmente se beneficiarían de la pesca de arrastre.

 Aunque estudios en otros países pueden mostrar resultados más positivos, estos se han llevado en latitudes muy distintas a la nuestra, en ecosistemas que tienen una composición diferente de especies y muchas veces menor diversidad. En nuestro país no se conoce a la fecha ningún estudio serio y convincente que apoye la sostenibilidad de la pesca de arrastre. Pero además de efectos directos sobre las especies de importancia económica y paisajística, la pesca de arrastre también impacta el elemento abiótico (no vivo) del ecosistema, al afectar el lecho marino y causar la resuspensión de sedimentos, con el consecuente impacto negativo sobre la fisiología de los organismos marinos y el deterioro o destrucción de sitios de crecimiento, refugio y procreación de muchas especies.

El estudio reciente cuyos resultados aparecen en el informe de INCOPESCA que avala la pesca de arrastre, fue llevado a cabo durante un período de tiempo muy corto (3 meses) y en una porción muy pequeña de la costa costarricense, por tanto se debe considerar como preliminar. Extrapolar los resultados obtenidos a toda la costa del Pacífico es algo irresponsable, que podría potencialmente poner en riesgo las fuentes de ingresos de una porción significativa de las poblaciones costeras de Costa Rica. Este estudio de IINCOPESCA debería ser validado con estudios a más largo plazo y con datos obtenidos en diferentes localidades a lo largo de nuestro extenso litoral y considerando distintas épocas del año, para comprobar si los resultados son tan positivos como los que aparecen en el informe.

La Universidad de Costa Rica propone que se le dé mayor énfasis a actividades con impacto ambiental menos marcado y con una sostenibilidad mayor, tal como ha sucedido con algunas iniciativas de cultivo del pargo. La cooperación entre los pobladores de nuestras costas, los expertos, tanto de INCOPESCA como de nuestras universidades, y tomando en cuenta la fragilidad de nuestros ecosistemas y su preservación a largo plazo, resultarán mucho más positivos para el bienestar económico y ambiental de nuestro país y sus habitantes que las medidas que anteponen el beneficio económico instantáneo a cualquier costo.

*Escuela de Biología, Universidad de Costa Rica